La inteligencia artificial ya no es solo una promesa tecnológica ni una inquietud de círculos académicos: en Chile, su impacto sobre el mercado laboral comienza a tomar forma concreta y el sistema jurídico-económico empieza a registrar sus primeras señales. Mientras la tasa de desocupación nacional escaló a 9,4% en el trimestre marzo-mayo de este año, el nivel más alto en casi cinco años, el Banco Central ha intensificado su interés en calcular los efectos de la inteligencia artificial y la automatización en la dotación laboral de las empresas chilenas. La discusión ya no es especulativa; el instituto emisor prepara un informe actualizado para septiembre en el que revisará expresamente la irrupción de la IA, mientras que desde el gobierno trasmiten en privado su preocupación por el reemplazo de ciertos empleos.
LA PREOCUPACIÓN DEL BANCO CENTRAL
El Banco Central ha intensificado su interés por calcular los efectos de la inteligencia artificial y la automatización en la dotación laboral de las empresas chilenas. En el Informe de Política Monetaria (Ipom) de septiembre de 2024, el organismo reveló evidencias cualitativas que apuntaban a un nuevo equilibrio organizacional con dotaciones más reducidas, explicado no solo por la actividad económica o el aumento de costos, sino también por la introducción de nuevas tecnologías y la reorganización del trabajo. Su presidenta, Rosanna Costa, señaló a mediados de junio que es necesario seguir trabajando para saber de qué manera la tecnología, la automatización y la inteligencia artificial están penetrando en las firmas locales, y si actúan como complemento o sustituto del trabajo. En su Ipom de diciembre de 2024, el Banco Central ya había deslizado que la tasa de desempleo estructural no inflacionaria (Nairu) superaba el 8%, una cifra que supera el nivel estimado anteriormente.
LOS SECTORES MÁS EXPUESTOS
Un estudio realizado por académicos de la Universidad de Stanford en conjunto con Sofofa y el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (Cenia) analizó los 100 puestos laborales más comunes en Chile y su nivel de exposición a la Inteligencia Artificial Generativa. Los resultados muestran que los empleos más vulnerables son los especialistas en políticas de administración pública, analistas de sistemas, desarrolladores de software, abogados, secretarias, agentes de seguros, ejecutivos de fondos de pensiones, profesionales de la publicidad y la comercialización, y docentes. En el extremo opuesto, las ocupaciones con menor riesgo de automatización se concentran en labores manuales como limpieza, movimiento de materiales, construcción, pintura y tareas que requieren contacto directo con productos o herramientas manipuladas por personas. El académico Gabriel Weintraub, de la Escuela de Negocios de Stanford, explicó que esta tecnología impacta con mayor fuerza en trabajos de oficina, administrativos y profesionales como abogados y contadores, mientras que las funciones gerenciales de alto nivel, por su carácter poco estructurado y la necesidad de articular equipos, todavía no son fácilmente reemplazables.
FACTORES ESTRUCTURALES Y COSTOS LABORALES
Varios expertos coinciden en que no existe evidencia concluyente para atribuir el actual desempleo exclusivamente a la IA, pero sí aparecen señales de que las nuevas tecnologías están modificando las decisiones de contratación. La investigadora de Clapes UC, Carmen Cifuentes, sostiene que tras varios años de aumentos en los costos laborales, muchas firmas han acelerado sus procesos de inversión en tecnología. Desde el punto de vista económico, cuando aumenta el costo relativo del trabajo, las empresas que pueden sustituir trabajo por capital tienden a hacerlo, y ese capital hoy incluye software, automatización e inteligencia artificial. La economista jefe de Fintual, Priscila Robledo, agrega que el mercado laboral débil es un problema estructural que no nace con la IA, pero que esta tecnología podría estar exacerbándolo, especialmente entre los jóvenes, cuyo desempleo es más de cuatro puntos porcentuales mayor que antes del lanzamiento de Chat GPT. Robledo advierte que los mayores costos laborales registrados en Chile, como el alza del salario mínimo y la reducción de la jornada a 40 horas, podrían estar actuando como catalizadores de procesos de cambio tecnológico.
MIRADA DE LOS EXPERTOS
A pesar de las alertas, los analistas ponen algunos paños fríos. Benjamin Villena, académico de la Universidad Andrés Bello, argumenta que Chile no tiene sectores económicos tan expuestos a la arremetida de la inteligencia artificial como ocurre en economías como la de Estados Unidos. Por su parte, Weintraub reconoce que se trata de una disrupción gigante con bastante incertidumbre, pero recuerda que en todas las revoluciones tecnológicas hay ganadores y perdedores, y que el rol de la política pública es reducir el costo para quienes se ven afectados y facilitar una transición lo más suave posible. A largo plazo, el experto de Stanford es menos sombrío: las revoluciones tecnológicas suelen resultar en ganancias de productividad y mejoras de bienestar, aunque las transiciones pueden ser duras y generar un desempleo más estructural en el corto plazo. La evidencia internacional, como el reciente recorte de 21.000 empleos atribuido a la IA por la multinacional Oracle, refuerza la percepción de que el fenómeno es global y que Chile no está ajeno a sus efectos.
Fuente: La Tercera
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
