La presidenta de la Corte Suprema, Gloriana Chesich Ruiz, dedicó la ceremonia de juramento de nuevos abogados y abogadas a una reflexión sobre la perseverancia, inspirada en la juventud de Bernardo Riquelme. Durante la audiencia pública celebrada este 19 de agosto, el pleno del máximo tribunal invistió legalmente a un grupo de licenciadas y licenciados en derecho, luego de que prestaran el juramento o promesa de rigor.
AUDIENCIA PÚBLICA DEL PLENO
De acuerdo con lo expresado en el acto, la sesión se rigió por el artículo 521 del Código Orgánico de Tribunales, que regula la audiencia pública en que la Corte Suprema reunida en pleno otorga el título de abogada o abogado. El secretario del tribunal tomó el juramento a los postulantes, quienes fueron nombrados uno a uno ante las ministras y ministros.
Tras la lectura de los nombres, los postulantes respondieron afirmativamente al ser consultados sobre su compromiso de ejercer la profesión con lealtad y honradez. A continuación, y en virtud del artículo 522 del Código Orgánico de Tribunales, la Corte declaró que quedaban investidos en el título de abogada o abogado. El pleno felicitó a los nuevos profesionales y les deseó un futuro de desarrollo personal y profesional.
LA JUVENTUD DE BERNARDO RIQUELME
En su discurso, la presidenta recordó que el 20 de agosto se conmemora el nacimiento de Bernardo Riquelme. Sostuvo que la historia suele retratarlo como adulto, con uniforme militar, al mando de ejércitos o ejerciendo las más altas funciones de la naciente República. No obstante, antes de esos episodios hubo un niño y un joven cuya existencia estuvo atravesada por la distancia, la incertidumbre y el desarraigo.
La magistrada relató que Bernardo nació en Chillán en 1778, hijo de Isabel Riquelme y de Ambrosio. Creció sin su padre y muy pequeño fue separado de su madre, quedando al cuidado de otras personas. Residió en Talca, estudió en el Colegio de Naturales de Chillán, luego fue enviado a Lima y alrededor de los dieciséis años partió a Europa para proseguir su formación.
Allí accedió a una educación excepcional para su tiempo, que incluyó idiomas, historia, geografía, dibujo y matemáticas. También conoció corrientes de pensamiento sobre la libertad y la soberanía y se relacionó con Francisco Miranda. Esa formación tuvo un costo humano alto: durante años careció de un lugar estable, distante de su madre y de su tierra, sujeto a decisiones ajenas. Sus cartas de entonces revelan a un joven solitario y olvidado.
CARTAS DE DOLOR Y PRIVACIONES
La presidenta citó una carta enviada desde Cádiz el 29 de junio de 1800, en la que Bernardo expresaba su dolor al ver que sus paisanos recibían cartas de sus padres. Antes había intentado volver a América, pero su barco fue capturado por los británicos. Luego casi muere de fiebre amarilla en España.
El momento más duro ocurrió en enero de 1801. Su padre, entonces virrey del Perú, había recibido malos informes sobre él. Enfurecido, ordenó a la persona encargada de Bernardo en Cádiz que lo echara de su casa.
El joven, de 22 años, respondió el 8 de enero con la fragilidad de quien sentía haber perdido el afecto de un padre al que apenas conocía. Dijo no saber qué falta había cometido y añadió que una puñalada no le habría dolido tanto. Pasó largas temporadas encerrado porque no tenía ropa para salir y él mismo cosía sus prendas.
Pese a todo, no hubo rencor en su respuesta: pidió perdón a su padre y siguió encomendando su salud. Firmó como Bernardo Riquelme, sin el apellido con el que pasaría a la historia. La presidenta calificó esa firma de conmovedora.
EL LLAMADO A LOS NUEVOS PROFESIONALES
La presidenta relacionó ese relato con el camino de quienes recién juraban. Algunos han tenido una trayectoria continua; otros, dificultades económicas, cargas familiares o enfermedades. En ese contexto, el juramento o promesa corona el esfuerzo realizado y reafirma su sentido.
Agregó que nadie elige todas las circunstancias en que comienza su vida ni puede evitar las derrotas que encontrará en el camino. Pero cada uno conserva la responsabilidad de decidir qué hacer con lo vivido y de impedir que las circunstancias definan quién será.
Esa responsabilidad también forma parte de la abogacía: habrá casos complejos, decisiones adversas y largas horas de estudio, pero el mandato de actuar con lealtad y honradez exige que ninguna adversidad los aparte de esos principios.
La magistrada cerró su intervención con felicitaciones a los nuevos abogados y abogadas, extendidas a sus familias y a quienes los acompañaron durante los años de formación. La ceremonia, transmitida por el canal Poder Judicial Chile en YouTube, concluyó con el levantamiento de la sesión.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
