Un libro escrito por una jueza chilena rescata la historia de Corina Rojas, la primera mujer condenada a muerte en Chile. La obra, titulada Corina, fue presentada en una actividad del Poder Judicial difundida a través del canal de YouTube Poder Judicial Chile.
La autora es Andrea Díaz-Muñoz, magistrada del Cuarto Juzgado de Garantía de Santiago y bisnieta de la protagonista. A partir de sus recuerdos familiares y de un trabajo de reconstrucción, la jueza une ficción y realidad para aproximarse a un caso que marcó la historia judicial del país.
El texto se pregunta qué impidió a Corina retroceder y qué la llevó a participar en un crimen extremo. La intención declarada no es justificar esas conductas, sino comprenderlas.
Para quienes ejercen el derecho, la propuesta resulta sugerente: mirar al sujeto detrás del expediente antes de dictar una decisión.
LOS HECHOS QUE CONMOCIONARON A CHILE
El episodio se remonta a 1916, cuando David Díaz Muñoz, un acaudalado agricultor, apareció muerto en su cama. El hallazgo se produjo después de una fiesta celebrada en su casa. El cuerpo presentaba una puñalada en el corazón, una herida en una mano y una contusión en la cabeza.
Las sospechas se dirigieron de inmediato hacia su esposa, Corina Rojas, quien era 35 años menor que él. La prensa de la época la retrató como histérica, aguda, voluble y adúltera, alimentando un juicio público paralelo al proceso judicial.
La presión mediática fue intensa y el caso se convirtió en un tema de conversación nacional. La investigación terminó por declarar a Corina culpable como autora intelectual del parricidio.
Con esa condena se transformó en la primera mujer chilena sentenciada a la pena de muerte, un hito que hasta entonces no tenía antecedentes en el país.
EL AMANTE, LA BRUJA Y EL SICARIO
En la investigación apareció Jorge Sans, profesor de piano de origen alemán y amante de Corina. La pareja mantenía una apasionada correspondencia, lo que reforzó las sospechas en su contra.
Tras ese nombre se ocultaba José Justino Gandarillas, nacido en Cochabamba, Bolivia. Sans había estado casado y permaneció prófugo durante un tiempo después de instar a la mujer a asesinar a su marido.
El relato menciona intentos fallidos de quitarle la vida al agricultor. El primero habría consistido en prácticas de magia negra. El segundo se vinculó a la información entregada por la bruja Rosa Cisternas.
Con esos antecedentes se llegó a Alberto Duarte, un sicario apodado el saco de lucha. Duarte se escondió en una propiedad de Lord Cocra 338 y cometió el homicidio por 500 pesos de la época.
La investigación reunió así a varios personajes que actuaron en distintos niveles: la autora intelectual, el cómplice, la intermediaria y el ejecutor material.
LA SENTENCIA Y EL INDULTO PRESIDENCIAL
El juez del crimen Arturo Lais dictó la resolución que condenó a Corina. Esa decisión fue apelada y, en 1918, el presidente Juan Luis San Fuentes la indultó, conmutando la pena por cadena perpetua.
El caso dejó una reflexión que el libro recoge: la justicia no debe repetir errores y debe considerar que toda persona, incluso la acusada o declarada culpable, tiene derechos esenciales.
Esa perspectiva adquiere especial relevancia en el trabajo diario de los tribunales. Entender a la persona que está al frente, sea víctima, imputado o condenado, aparece como una exigencia ética para quienes ejercen el derecho.
La obra invita a leer la sentencia no como el final del asunto, sino como una decisión que recae sobre una historia humana compleja.
UN RELATO QUE TRASCIENDE LOS TRIBUNALES
La historia de Corina Rojas inspiró el primer largometraje chileno, llamado La baraja de la muerte, y también una cueca anónima. Esas expresiones artísticas mantuvieron viva la memoria del caso.
Ahora, más de un siglo después, el libro de su bisnieta renueva esa memoria con una mirada literaria y jurídica. La mezcla de géneros permite abordar los hechos desde ángulos que un expediente no muestra.
En el material difundido se sostiene que la tarea de juzgar mejora cuando quien juzga intenta comprender al otro. Esa comprensión, según se afirmó, hace mejores jueces, mejores escritores y mejores seres humanos.
Corina no es solo el relato de un crimen antiguo; es también una invitación a pensar el derecho con una sensibilidad que muchas veces queda fuera de las sentencias.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
