
Congreso Futuro 2026 volvió a poner sobre la mesa la pregunta que ordena su decimoquinta edición: humanidad, hacia dónde vamos. En el centro de extensión del Instituto Nacional, TV Senado Chile conversó con Claudia Vargas, investigadora de la Universidad de Santiago de Chile, especialista en didáctica de la matemática y directora del Museo Laboratorio de Didáctica de la Matemática. Su diagnóstico atraviesa toda la entrevista: la matemática es parte de la vida cotidiana mucho antes de convertirse en materia escolar, y acercarla a las personas exige reconocer ese vínculo.
MATEMÁTICA ANTES DEL AULA
Durante la conversación se expusieron ejemplos que no pasan por el pizarrón: quienes venden en ferias o recorren la calle esquivando autos calculan precios, inversiones y ganancias sin formación formal, y existe literatura que describe a niños pequeños, aún sin escolarizar, resolviendo operaciones de memoria. Vargas sostuvo que toda persona tiene capacidad para usar matemática. Se recordó que atrapar una pelota en el aire supone resolver cálculos complejos sin advertirlo.
La académica contó que colegas brasileños producen videos donde muestran, con ecuaciones y ángulos, la trayectoria del balón hasta la red, y dijo que le gustaría replicarlo con un equipo de fútbol chileno para evidenciar que la matemática habita actividades populares.
UN MUSEO QUE VIAJA
La entrevistada explicó que su espacio es, a la vez, museo y laboratorio. Museo, porque reúne objetos con los que enseña de otra manera. Laboratorio, porque allí se investiga con personas y no con materiales, a diferencia de lo que ocurre en química o física.
Cada miércoles reciben a escolares de distintas zonas, desde el Maule hasta Viña del Mar, y adaptan las charlas a la edad del público, incluso en francés cuando la escuela lo pide. Como aún no cuentan con un edificio propio, trasladan poliedros, huinchas de medir y hasta un esqueleto usado para estimar la estatura de una persona a partir de un hueso. El anhelo expresado es contar con un lugar accesible, donde los buses escolares puedan llegar y estacionar.
También se relató una actividad en una feria científica, a la que fueron invitados por un municipio. Una niña se empeñó en armar un puzzle tipo Tetris mientras su padre insistía en seguir con otra actividad. El equipo la animó a persistir y la pequeña terminó el desafío, celebrada por su acompañante.
DOCENTES Y MIEDO A LA MATEMÁTICA
Se discutió el temor que muchos docentes arrastran y transmiten a sus estudiantes. Para romperlo, la expositora relata que hace vivir la matemática a quienes se forman como profesores: los envía a recorrer Santiago en busca de círculos en la arquitectura, como los cuatrifolios de iglesias del centro o cercanas a la plaza Ñuñoa. Así descubren recursos propios y pueden responder después la pregunta sobre para qué sirve lo que enseñan.
GÉNERO Y VISIBILIDAD
El diálogo abordó la brecha de género. Se señaló que los estudios no muestran diferencias de aprendizaje entre niños y niñas, pero que en algún momento ellas retroceden y la figura masculina se impone. La investigadora advirtió que las jóvenes a veces piden a sus compañeros que formulen las preguntas por ellas y que se sienten silenciadas en clases.
Para contrarrestarlo, impulsa un proyecto de innovación docente en su curso de álgebra abstracta, donde visibiliza a matemáticas del pasado, como Sofia Kovalevskaya. Se comentó que la medalla Fields ha recaído casi siempre en hombres y que Maryam Mirzakhani fue la primera mujer en obtenerla. La subrepresentación femenina en ciencia, ingeniería y tecnología priva a la sociedad de la mitad de su potencial.
EL ERROR COMO PARTE DEL DESCUBRIMIENTO
Se planteó que la matemática suele vivirse como castigo. La respuesta fue que el error integra el descubrimiento: el ensayo y error es una estrategia clásica y la frustración no debería instalarse. Vargas contó que en sus cursos de resolución de problemas no entrega la respuesta y que sus estudiantes suelen hallar la solución después, camino a casa o en el metro.
Vargas estudió en la Universidad de Valparaíso, cursó un magíster en la Universidad Católica del Norte y se doctoró en Barcelona. Recordó que a los quince años dejó la enseñanza humanista y se cambió al plan matemático, que su padre le regaló un libro de álgebra y una calculadora científica, y que el primer semestre universitario fue duro, hasta que el álgebra abstracta se volvió su descubrimiento. Viene de Rengo y, al postular a becas, escribió que quería lo mejor para su país.
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.








