Corte Suprema inviste a nuevos abogados con un llamado a derribar los muros del acceso a la justicia
La Corte Suprema, reunida en pleno, celebró este viernes 14 de agosto una nueva ceremonia de juramento de abogadas y abogados, en la que un grupo de postulantes fue investido legalmente con el título profesional. La audiencia pública se desarrolló conforme al artículo 521 del Código Orgánico de Tribunales y culminó con la declaración formal de investidura.
LA CEREMONIA
La presidenta del máximo tribunal, Gloriana Chedesich Ruiz, aprovechó la instancia para pronunciar un discurso centrado en las barreras que impiden el acceso efectivo a la justicia. Bajo la imagen musical de The Wall, obra publicada en 1979 por la banda británica Pink Floyd, la ministra comparó los muros físicos de la historia con aquellos obstáculos invisibles que aún condicionan la libertad de las personas.
En el inicio de su mensaje, la presidenta sostuvo que la humanidad ha levantado muros a lo largo de toda su historia. Unos son visibles y palpables; otros, en cambio, resultan imperceptibles y, por lo mismo, más difíciles de superar.
El acto se inició con la lectura de la nómina de los postulantes, quienes respondieron afirmativamente a la pregunta formulada por el secretario del tribunal acerca de si juraban o prometían desempeñar con lealtad y honradez la profesión. Cumplido ese rito, y según el artículo 522 del Código Orgánico de Tribunales, los nuevos profesionales fueron declarados formalmente investidos con el título de abogado o abogada.
En su alocución, la presidenta recordó que la madrugada del 13 de agosto de 1961 comenzó la división de Berlín, que con el tiempo se transformó en uno de los emblemas del siglo XX. También aludió al gueto de Varsovia, donde una comunidad que representaba cerca del 30 por ciento de la población fue confinada en poco más del dos por ciento de la superficie, y a las denominadas peace walls de Belfast, que separaron barrios católicos y protestantes.
LOS MUROS INVISIBLES
La magistrada advirtió que sería tranquilizador pensar que esos muros pertenecen al pasado, pero que hoy persisten barreras menos visibles. La pobreza, el desconocimiento del derecho, la distancia geográfica, la discapacidad y la discriminación pueden convertir en ilusorio un derecho formalmente reconocido. En esa línea, mencionó el trabajo de los juristas Mauro Capeletti y Brian Hart, quienes hace décadas llamaron la atención sobre la distancia entre el reconocimiento de los derechos y su ejercicio real.
La presidenta también planteó una posibilidad incómoda: que el propio derecho se transforme en un muro. Ello ocurre cuando los procedimientos ganan complejidad innecesaria, cuando las formalidades pierden su finalidad original, cuando la respuesta judicial llega tan tarde que el derecho pierde utilidad o cuando las instituciones resultan incomprensibles para los ciudadanos.
A diferencia de las estructuras de hormigón, que pueden fotografiarse o señalarse en un mapa, los muros que enfrentarán los nuevos profesionales serán muchas veces imperceptibles. Por eso, añadió, el ejercicio del derecho exige no solo excelencia en el conocimiento de las normas, sino también capacidad para apreciar la realidad, la geografía y el contexto del conflicto en que se interviene.
En su discurso, la titular del máximo tribunal recurrió a la imagen de un muro que se levanta ladrillo a ladrillo, tal como en la obra musical de 1979. Un trámite innecesario, una palabra deliberadamente incomprensible, una formalidad vacía o la simple indiferencia ante quien busca una respuesta del derecho pueden actuar como ladrillos que separan a las personas del ejercicio de sus garantías.
EL ROL DE LA ABOGACÍA
Por ello, instó a los nuevos abogados a asumir una posición singular frente a esas barreras. Quien ejerce la abogacía conoce las normas, comprende los procedimientos y sabe cómo transformar una experiencia humana en una pretensión jurídica que el sistema pueda escuchar y resolver. La investidura, en ese sentido, implica una responsabilidad que puede servir para levantar muros o para abrir puertas.
La ministra precisó que no se trata de eliminar todos los límites, porque las reglas, los plazos y las formas protegen valores como la igualdad, la seguridad jurídica y el debido proceso. El desafío es aprender a distinguir entre el límite que protege y la barrera que excluye, y para ello resulta indispensable reconocer los muros invisibles.
En esa línea, destacó la importancia de un sistema de justicia orientado a las personas, que contemple la experiencia de quienes acuden al sistema jurídico y no solo la perspectiva de quienes lo administran o ejercen profesionalmente. Entre el derecho escrito y el derecho vivido puede existir una distancia enorme.
Finalmente, llamó a los nuevos profesionales a honrar el juramento prestado en la vida cotidiana, no solo frente a los grandes dilemas. La lealtad y la honradez se expresan en el trato con quienes saben menos, en el esfuerzo por explicar lo que parece evidente y en la decisión de usar las reglas para resolver conflictos y no para dificultar la tarea de los demás.
La presidenta cerró su intervención con un llamado a no olvidar el honor y la responsabilidad que implica la investidura, y a poner la condición de abogados al servicio de la superación de las barreras que impiden el ejercicio efectivo de los derechos y las libertades.
Con aplausos, la Corte Suprema felicitó a los nuevos abogados y abogadas, e hizo extensivo el reconocimiento a familiares, amigos y docentes. Cumplido el objetivo de la audiencia, se levantó la sesión.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
