
Un tribunal estadounidense advierte en audiencia que no encuentra la sentencia citada en un escrito. Para Bill Faruki, autor del artículo publicado en su Substack, ese momento —y no la cita inventada— decide la suerte profesional del abogado. Su tesis es que la alucinación de un modelo generativo rara vez termina una carrera; lo que la termina es lo que ocurre en los minutos siguientes, cuando el letrado oculta, minimiza o «corrige» el error ante el juez.
El texto no es neutral y su autor lo declara: trabaja para MindHYVE.ai, firma que desarrolla JustineAI, un sistema legal basado en agentes, y pide leer todo lo anterior teniendo eso en consideración.
LOS ERRORES INVOLUNTARIOS
El primer grupo reúne faltas propias de abogados competentes, que se pagan con dinero, reputación y, a veces, con el caso. El grueso del registro son escritos firmados con citas que el profesional no verificó personalmente. El Noveno Circuito fijó el momento exacto de la infracción: se produce cuando los abogados firman y presentan los escritos, no cuando la herramienta genera el texto. Los montos reportados van de 1.000 a 12.000 dólares, con 5.000 en el asunto Mata v. Avianca y 12.000 repartidos entre cuatro abogados en un caso de patentes en Kansas, bajo la Rule 11 federal y la sección 128.7 del Código de Procedimiento Civil de California.
Comprobar que el fallo existe es solo el piso. Un caso real invocado para una tesis que no respalda, o con una cita textual que no aparece en él, también es sancionable. Ninguna herramienta de verificación cumple el deber, porque el deber se ancla en la firma. Distinto es sostener un argumento que solo las alucinaciones permiten: la regla 3.1(a)(2) de conducta profesional de California prohíbe los escritos frívolos y un fallo inventado no constituye derecho existente.
Los socios también quedan expuestos. El Noveno Circuito calificó la práctica de no leer los casos contenidos en los borradores antes de presentarlos como un riesgo inherente de invocar autoridad fabricada, y usó esa práctica para inferir conocimiento. Bajo las reglas 5.1 y 5.3, quien firma es el punto del problema.
A ello se suman dos fallas silenciosas: introducir confidencias del cliente en sistemas no cerrados, y omitir la revelación del uso de IA. Desde el 1 de enero de 2027 California la exige por ley para todos los documentos presentados al tribunal.
LAS CONDUCTAS QUE CUESTAN LA LICENCIA
El segundo grupo comienza después del error. En Matter of Sethi el abogado fue suspendido por presentar un escrito con alucinaciones y por hacer declaraciones falsas al tribunal sobre su uso de inteligencia artificial: dos motivos, no uno. La sanción de seis meses ante el Noveno Circuito se replicó luego ante la Junta de Apelaciones de Inmigración, los tribunales de inmigración y el DHS.
El artículo describe una trampa frecuente: reemplazar en silencio la cita inventada por una verdadera. El Noveno Circuito cerró esa vía, porque al citar y firmar el abogado ya había dado fe de la exactitud y, por tanto, de la existencia de las citas alucinadas; calificar el hecho como un error simple resultó insuficiente. El daño se compone en cada paso siguiente —escrito de oposición, alegato oral, respuesta a la orden de mostrar causa—, y así una multa de 5.000 dólares se convierte en suspensión.
Figura además la facturación de producción de IA como tiempo de abogado, un fraude de honorarios que en California puede ubicarse en el terreno del § 6106 y que suele emerger años después. Y la delegación: California prohíbe delegar el ejercicio de la abogacía en IA generativa, y la guía revisada del State Bar impide que los sistemas presenten documentos, se comuniquen con el tribunal o hagan representaciones de forma autónoma. Aún no hay caso disciplinario que lo pruebe.
LAS CONSECUENCIAS QUE NADIE PRESUPUESTA
Se presupuesta la multa, no lo que sigue. La suspensión de un tribunal se propaga a cada fuero en que el abogado está admitido. Los sancionados fueron ordenados a entregar copia de la resolución a sus clientes, a la contraparte y al juez de cada causa pendiente: ahí está, según el autor, el verdadero evento de pérdida de clientes. La decisión es pública y permanente.
El caso mismo puede perderse. Un juez federal de Mississippi canceló un juicio, descalificó a los cuatro abogados —ambas partes habían incurrido en la conducta—, aplicó multas de 1.000 a 3.500 dólares e inhabilitó a dos por dos años. El Sexto Circuito habría llegado a seis cifras, con honorarios, costas dobles y una sanción punitiva de 45.000 dólares. Son fuentes secundarias, precisa el texto. Los tribunales, en tanto, derivan: el Décimo Circuito remitió a un abogado a las autoridades disciplinarias de Maryland.
QUÉ HACER
El autor propone verificar en el momento de la firma y dejar registro; leer los casos, no solo las citas; revelar de inmediato y sin eufemismos si se presentó algo fabricado; convertir la declaración de uso de IA en un campo de plantilla; auditar dónde va el contenido del cliente; e inventariar y apagar toda herramienta que presente escritos o se comunique de forma autónoma.
En nuestra lectura, la distinción que propone el texto entre el error y su ocultamiento parece aplicable con independencia de la jurisdicción, y para abogados chilenos que ya emplean herramientas generativas podría leerse como una cautela razonable sobre el modo de enfrentar un yerro propio ante un tribunal.
Fuente: billfaruki.substack.com
Documento original: https://billfaruki.substack.com/p/the-fine-is-not-the-risk
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.







