
En una audiencia pública celebrada el 24 de julio de 2026, la Corte Suprema otorgó el título de abogado a un grupo de postulantes que prestaron juramento ante el pleno del tribunal.
La ceremonia se realizó con la asistencia de ministras y ministros de la Corte Suprema, junto a familiares y amigos de los nuevos profesionales, quienes acompañaron a las licenciadas y licenciados en la jornada.
Conforme al artículo 521 del Código Orgánico de Tribunales, la audiencia tuvo por objeto otorgar la investidura tras el juramento o promesa de rigor. Los asistentes se pusieron de pie mientras el secretario tomaba la fórmula a los grupos de licenciadas y licenciados de las distintas Cortes de Apelaciones y, a continuación, a los dos grupos de la Corte Suprema. Todos asumieron el compromiso de ejercer la profesión con lealtad y honradez. Declarados formalmente investidos, los nuevos abogados recibieron el reconocimiento y las felicitaciones de la Corte.
Luego, la presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chévez y Ruiz, tomó la palabra para dirigirse a la audiencia. Comenzó destacando la doble trascendencia del acto: para los postulantes, que sellaron un pacto con la sociedad, y para la comunidad, que incorpora nuevos colaboradores a la función de impartir justicia. También subrayó el valor simbólico de la ceremonia y recordó que el artículo 522 del Código Orgánico de Tribunales obliga a desempeñar la profesión con lealtad y honradez.
LA ESCUELA DE ATENAS Y LA PRUDENCIA
En su discurso, la magistrada se refirió a La escuela de Atenas, el célebre fresco de Rafael que reúne a los grandes filósofos de la antigüedad. En la obra, Platón y Aristóteles dialogan mientras avanzan, rodeados de hombres dedicados al estudio y la reflexión, en una conversación orientada al conocimiento. Esa imagen, planteó, ilustra lo que el derecho aspira a ser: un espacio donde las posiciones contrapuestas se someten al examen de la razón y donde la resolución no surge de la improvisación ni de la mera voluntad del juzgador, sino de un examen razonado a la luz del derecho.
La presidenta evocó la enseñanza de Aristóteles sobre la prudencia, entendida como la capacidad de deliberar rectamente antes de actuar. En esa virtud, dijo, se juega buena parte de la autoridad de las decisiones judiciales, que no se asienta solo en la investidura de quien las pronuncia, sino en la calidad del diálogo jurídico que las precede.
BIENESTAR JUDICIAL Y CÓDIGO DE ÉTICA
En otro pasaje de su alocución, la presidenta recordó que el 25 de julio se conmemora el Día Internacional para el Bienestar Judicial, instituido por la Asamblea General de la ONU el 4 de julio de 2025. Lejos de aludir a comodidad o privilegio, explicó, esa fecha releva una condición esencial para la confianza pública: que los jueces puedan ejercer su labor con imparcialidad, integridad, competencia, diligencia e independencia, valores asociados a los Principios de Bangalore sobre conducta judicial.
En ese contexto, destacó la reciente entrada en vigencia del Código de Ética del Poder Judicial, una herramienta orientada a consolidar una cultura judicial fundada en la independencia, la integridad, la imparcialidad y la responsabilidad. El código, agregó, no se limita a enumerar deberes; invita a cultivar virtudes que sostienen la confianza en la justicia. La calidad de las sentencias, precisó, no depende solo de su corrección jurídica, sino también de la forma ética en que se alcanzan.
EL COMPROMISO DE LA ABOGACÍA
La magistrada subrayó que la justicia nunca es obra de una sola voluntad. Del mismo modo que en el fresco de Rafael la búsqueda de la verdad es una tarea compartida, la administración de justicia descansa en la responsabilidad de todos sus partícipes. Las juezas y los jueces deben adoptar sus resoluciones con independencia y prudencia; las abogadas y los abogados están llamados a enriquecer la deliberación con argumentos serios, respeto al contradictorio y buena fe procesal.
Sobre el artículo 522 del Código Orgánico de Tribunales, recordó que el juramento prestado obliga a ejercer la profesión con lealtad y honradez. La honradez, afirmó, es fidelidad a la verdad y rectitud en el obrar; la lealtad, respeto por el tribunal, el cliente, la contraparte y el proceso mismo. Defender con firmeza los intereses de quien confía en la representación no es incompatible con contribuir, mediante una actuación responsable, a la correcta administración de justicia.
Audiencias, alegatos y sentencias deberían reproducir, cada uno a su modo, la escena del fresco de Rafael, porque el derecho convierte el conflicto en diálogo y el diálogo, guiado por la ética, en justicia. La presidenta felicitó a las nuevas abogadas y abogados e hizo extensivo el reconocimiento a sus familias, amigos y profesores. La emoción de la jornada, dijo, es directamente proporcional a la trascendencia del compromiso que asumían.
Tras la alocución, el secretario declaró cumplido el motivo de la ceremonia y dio por terminada la audiencia, deseando un buen día a los presentes.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.







