
A siete meses de gestión, la distancia entre la promesa electoral de expulsar a más de 330.000 migrantes irregulares y las cifras concretas de expulsión es el eje de una columna publicada por Diario y Radio Universidad de Chile, que califica esa meta como una «fantasía electoral» y contrasta el discurso oficial con la salida de personas que, según el texto, abandonan el país por el desaliento y no por un decreto. El artículo, presentado como columna de opinión, sostiene que la imposibilidad de cumplir ese compromiso quedó a la vista tras siete meses de gobierno.
LA ARITMÉTICA DE LA PROMESA
El texto invita a hacer un ejercicio analítico que, a su juicio, la clase política evita. Con las cifras que consigna, si en siete meses se ha expulsado a 1.874 personas, la proyección anual apenas alcanzaría las 2.678 deportaciones. A ese ritmo, y bajo la premisa que el propio columnista califica de absurda, de que ningún nuevo migrante irregular ingresaría al país, se necesitarían más de diez años para procesar la deuda migratoria comprometida por el actual gobierno.
La columna describe las promesas de mano dura como anestésicos sociales que calman el miedo inmediato a costa de una realidad futura imaginaria. Añade que durante la campaña electoral se instaló la idea de una expulsión inmediata de toda la migración irregular, cifrada en más de 330.000 personas, y afirma que esa promesa fue diseñada como amenaza para capturar el voto de personas angustiadas por diversos malestares sociales.
LA SALIDA QUE NO FIGURA EN LAS LISTAS
Mientras el gobierno no logra la expulsión masiva prometida, la columna afirma que ha obtenido un resultado por otra vía: el desaliento. Datos oficiales, de la sociedad civil y de observatorios migratorios indicarían que más de 10.345 personas han abandonado el país en este período. El texto precisa que no todas son irregulares y que no figuran en las listas oficiales de deportados, pero atribuye su partida directa al maltrato de las políticas gubernamentales.
Según la columna, la mayoría son ciudadanos venezolanos que, ante la falta de oportunidades, la burocracia asfixiante y un clima social azuzado por la xenofobia racista, optan por un exilio que describe como voluntario forzado. El autor habla de una «mala hospitalidad» convertida en método de control fronterizo y sostiene que el Estado no necesita gastar en aviones para deportar, porque el ambiente hostil y la precarización de la estancia migratoria cumplen esa función.
El texto también dirige sus críticas a la oposición política. Le reprocha reclamar al Ejecutivo por no haber expulsado a los 330.000, validando de ese modo la promesa original, y le atribuye no haber fijado una orientación distinta cuando estuvo en el gobierno.
EMPRESAS Y ESCASEZ DE MANO DE OBRA
Recientemente, según la columna, gremios importantes solicitaron facilitar la regularización de las personas migrantes y alertaron sobre un déficit de más de 300.000 trabajadores en el campo para levantar cosechas y otras tareas. El texto contrasta esa demanda con la exigencia de que el migrante irregular se vaya y añade que el trabajo informal llegaba al 26,5% y el endeble al 44%, según Fundación Sol con datos de comienzos de 2026.
A partir de ese contraste, el columnista afirma que la economía se asfixia mientras el gobierno gasta capital político en una persecución que no puede cumplir. Sostiene que al migrante irregular se le pide irse o no venir, mientras el mercado solicita al trabajador que se quede y se regularice.
DESIGUALDAD Y DIGNIDAD HUMANA
La columna cita a Gonzalo Durán, investigador de Fundación Sol, quien en entrevista con El Ciudadano señaló que en Chile el 1% más rico concentra más del 50% de la riqueza del país y el 10% más rico más del 80% del total, de modo que el 90% de la población recibe apenas un 20% de la riqueza generada. Con esos datos, el autor vincula la política migratoria con un modelo que, a su juicio, favorece a los sectores que ya concentran privilegios.
El texto afirma, además, que «la migración no es un delito, es un fenómeno humano», y advierte que tratarla como una amenaza convierte a la sociedad en una más pobre y más cruel. En otro pasaje sostiene que la migración irregular no se enfrenta con decretos de expulsión masiva, sino con vías legales expeditas, regularización y respeto a la dignidad humana.
En nuestra lectura, el contraste que propone la columna entre la promesa de expulsión masiva y las salidas que no pasan por un decreto pone el acento en un aspecto que el debate público suele postergar: el costo humano de las políticas migratorias. Sería prudente que la discusión sobre regularización y control fronterizo se haga cargo de esas cifras y de su relación con la escasez de mano de obra, sin reducir el asunto a una consigna electoral.
Fuente: radio.uchile.cl
Documento original: https://radio.uchile.cl/2026/10/21/la-aritmetica-de-la-crueldad-la-promesa-falsa-de-lo-imposible/
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.








