
Ingrid Guardiola en Congreso Futuro 2026: la técnica necesita límites y una mirada humana
La tecnología dejó de ser un horizonte lejano: hoy es el ambiente donde se toman decisiones, se organiza el trabajo y se construye la vida en común. Esa constatación atravesó la intervención de la filósofa Ingrid Guardiola en Congreso Futuro 2026, donde sostuvo que los sistemas técnicos deben auditarse y que las humanidades cumplen un papel insustituible frente al relato de las grandes corporaciones. Su paso por el encuentro, que incluyó una conversación con TV Senado Chile y presentaciones en Santiago y en la Región del Maule, dejó advertencias sobre el tecnofeudalismo, la inteligencia artificial y la soberanía popular.
Guardiola es filósofa, doctora en humanidades y gestora cultural, con una obra dedicada a las relaciones entre cultura, tecnología y género. Fue una de las invitadas más solicitadas de esta edición, tanto en la sede principal como en regiones.
Uno de los ejes de su intervención fue la inteligencia artificial. Los sesgos no nacen con la técnica, planteó: son humanos y anteriores a ella, y los sistemas los heredan de los datos con que se entrenan. Mencionó herramientas de selección de personal, como las que ocupó Amazon y productos como HireVue, que analizan el tono de voz, las pausas y la modulación de los postulantes. Algunas de esas aplicaciones fueron descartadas por sexistas, recordó.
También aludió al uso bélico. En bombas inteligentes empleadas desde Ucrania hasta Gaza, dijo, la eficiencia puede imponerse sin ética ni trauma. De ahí su propuesta de desautomatizar las decisiones: estas herramientas muestran qué se decide, pero no explican por qué, de modo que siempre requerirán equipos humanos capaces de argumentar y contextualizar.
La conversación se detuvo en la frase “solo seguía órdenes”, recordada en el juicio de Eichmann, como fórmula para eludir responsabilidad. Guardiola observó que la automatización puede producir una suerte de disociación cognitiva: quien ejecuta no se siente autor de lo que hace porque forma parte de una cadena de transmisión. Advirtió que un modelo social podría llegar a considerar el pensamiento como un residuo del pasado, y llamó a poner el acento en los valores y en las formas de vida que promueven las herramientas.
En su charla Beyond the Servitude of Protocols, la filósofa se detuvo en cómo los protocolos ordenan la existencia. El tecnofeudalismo, término que atribuyó a Varoufakis y a otros autores, describe la asimetría entre quienes controlan la infraestructura digital y quienes la utilizan: estos últimos no solo consumen un servicio, sino que trabajan para el propietario produciendo datos. Guardiola amplió la mirada, porque el protocolo abarca desde la identidad administrativa digital hasta los relatos que fijan cómo se entiende el tiempo, el espacio y el trabajo, pasando por las redes y los trámites.
Sobre las plataformas, subrayó una diferencia con los medios tradicionales: en la televisión o la radio el mecanismo resulta visible, mientras que en el entorno digital la operación de la máquina queda fuera de escena. De ahí la importancia de comprender esa infraestructura, cuya cara más visible son las redes sociales. Recordó la sentencia que se instaló hace años, según la cual quien no aparece en ellas no existe, y la comparó con el flautista de Hamelín por su capacidad de arrastre.
En otro plano, cuestionó la supuesta inevitabilidad de los contratos con grandes corporaciones. Durante la pandemia, los sistemas educativos catalán y español recurrieron a Google porque ofrecía herramientas listas y fáciles de usar. Pasada la urgencia, esos acuerdos deberían revisarse: existen alternativas, como el paquete digital impulsado por Xnet en Cataluña, aunque suelen chocar con la lógica de oferta y demanda.
La relación entre lo público y lo privado ocupó otro tramo. Guardiola valoró iniciativas como Decidim, la herramienta de participación del Ayuntamiento de Barcelona, y el trabajo de Eticas en auditoría de algoritmos. Crear instrumentos de ese tipo no es lo más difícil, sostuvo; el desafío es que la ciudadanía sepa que existen y pueda usarlos, en un ecosistema donde las grandes empresas disponen de enormes recursos para imponer su visibilidad. Un financiamiento público, añadió, asegura un retorno social mínimo.
También reconoció límites. Los ciclos electorales condicionan la continuidad de los proyectos, y el costo ecológico de mantener estas infraestructuras, con alto consumo de agua y de recursos, plantea preguntas sobre su futuro frente al cambio climático.
Respecto de la pandemia, consideró que las lecciones siguen pendientes. Los libros sobre el tema no encuentran lectores, afirmó, porque la sociedad prefirió olvidar. Las restricciones extremaron las diferencias de clase y normalizaron la vigilancia entre vecinos, con episodios como el de la llamada policía de balcón. Esa desconfianza instalada en un contexto agorafóbico, advirtió, es difícil de desmontar.
Su experiencia como directora de un centro de arte público en Girona le dio un ejemplo concreto. Buena parte de su trabajo consistía en lidiar con servicios jurídicos y tareas administrativas ajenas al mandato cultural. De ahí su conclusión: la inteligencia artificial debería asumir esa gestión burocrática. Con ese diagnóstico, renunció al cargo, terminó su libro y salió a promoverlo.
El paso por el encuentro le dejó la impresión de un público heterogéneo, formado y curioso, con familias y jóvenes que se acercaban a preguntar por su trayectoria. Destacó que la interdisciplinariedad sea el sello de Congreso Futuro, porque obliga a salir del propio campo y aprender de otras disciplinas. Tras 15 años de foco en ciencia y tecnología, y luego de la pandemia, consideró necesario un freno para recordar que sin lo humano se pierde el rumbo.
La tecnología que hoy se impone, sostuvo, funciona como una tecnoconomía que exige auditoría, sin caer en la tecnofobia, porque la vida es tecnohumana. El riesgo, señaló, es quedarse con el relato de las grandes corporaciones y perder el carácter social y ritual de herramientas muy poderosas.
Consultada por el lema del encuentro, Humanidad, ¿hacia dónde vamos?, respondió que el futuro es incierto, pero negociable. Mientras más se fortalezca la soberanía popular y se creen herramientas para que las decisiones sobre el porvenir sean de todos, mejor será el resultado. De lo contrario, advirtió, se terminará delegando el futuro en manos de un poder o eligiendo el peor de los sueños ajenos.
APLICABILIDAD PARA ABOGADOS
El video no muestra herramientas jurídicas específicas, pero permite sostener un uso concreto: delegar en sistemas de inteligencia artificial la gestión burocrática y administrativa, para liberar tiempo para el análisis de contexto, la argumentación y la explicación de decisiones. La expositora advierte que la IA siempre requerirá un equipo humano que dé razones y contexto, de modo que ese uso no reemplaza el criterio profesional.
En nuestra lectura, la conversación aporta una advertencia útil para el trabajo jurídico: la eficiencia no debería reemplazar la explicación de las decisiones ni la responsabilidad de quienes las adoptan. Sería prudente que cualquier automatización de tareas administrativas vaya acompañada de una pregunta explícita sobre sus sesgos y sobre el lugar del criterio humano.
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.








