
Stanford cruza derecho y medicina frente a la IA: formación, acceso y confianza
La Escuela de Derecho y la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford cruzaron sus agendas el 26 de octubre en el primer simposio sobre el futuro de las profesiones jurídica y médica, una jornada pública coorganizada por ambas facultades y por el Deborah L. Rhode Center on the Legal Profession. Médicos, abogados, académicos y líderes tecnológicos compararon allí los puntos de presión que ambos campos comparten en la era de la inteligencia artificial: cómo aplicarla al trabajo cotidiano, cómo formar a quienes vienen, cómo ampliar el acceso a los servicios profesionales y cómo evitar que la tecnología profundice la desconfianza pública.
Los deanes George Triantis y Lloyd Minor, de Derecho y de Medicina respectivamente, coincidieron en que se trata de oficios con lógicas parecidas. Minor señaló que «There are so many similarities between how our professions interact with society and how they’re structured», y explicó que ambas son profesiones basadas en conocimiento, cuyo ejercicio consiste en adquirir un cuerpo de saber, dominarlo y aplicarlo. Añadió que uno de los deberes de quienes dirigen escuelas en Stanford es contribuir a reconstruir la confianza en los programas educativos y en las propias profesiones.
PREPARAR PARA UN ENTORNO CAMBIANTE
Triantis, profesor Richard E. Lang y deán de la escuela de Derecho, advirtió que no basta con enseñar qué es la IA ni cómo usarla, porque los usos más prometedores de hoy pueden quedar superados por los modelos de mañana. La prioridad, dijo, es que los estudiantes aprendan a moverse en una profesión sacudida por tecnologías cambiantes: «The key will be to teach adaptability and how to move from one tool to another».
Reconoció también una dificultad de fondo: explicar dónde la IA es fuerte y dónde es débil. Todos, apuntó, han visto cómo rinde en tareas complejas y falla en algo simple, y viceversa. Esa pregunta remite al juicio, una facultad propiamente humana.
ENSEÑAR A PENSAR, NO A DELEGAR
La formación fue el eje de la jornada. Dong-han Yao, director asociado de IA en educación médica y profesor clínico asistente de medicina de urgencia, sostuvo que los estudiantes de ambas disciplinas deben dominar entre cuatro y cinco veces más contenido que generaciones anteriores, y describió tres escenarios de mal uso: perder una habilidad ya adquirida, ser desviado por la herramienta hacia el error y no desarrollar nunca la destreza. John Whyte, director ejecutivo de la American Medical Association, lo ilustró preguntando cómo aprenderá a reconstruir una historia clínica, o a diagnosticar un soplo, quien siempre delega esas escuchas en un sistema de IA.
Daniel Ho, profesor de Derecho y director del Stanford RegLab, aportó un dato: su equipo analizó herramientas jurídicas que se publicitan como libres de alucinaciones y detectó que fallaban entre 17% y 33% de las veces, y, según dijo, más de 2.000 casos judiciales reales se han visto involucrados en alucinaciones de ese tipo. Propuso usar esos errores como material de clase desde primer año. Nora Freeman Engstrom, profesora de Derecho y codirectora del Rhode Center, planteó otra arista: si la tecnología absorbe las tareas iniciales que tradicionalmente entrenaban a los abogados jóvenes, cómo desarrollarán el instinto y el criterio para distinguir un argumento ganador de uno perdedor. Jenny Martinez, provost de la Universidad de Stanford y profesora de Derecho, resumió el consenso: en un mundo donde la inteligencia abunda, cultivar hábitos de pensamiento riguroso es lo primordial.
ACCESO Y CAPACIDAD
Freeman Engstrom describió el problema de acceso: en cerca del 75% de los casos civiles en Estados Unidos al menos una parte carece de abogado. Lo llamó el problema de las dos puertas, porque la alternativa es contratar asesoría cara o representarse a sí mismo, y porque casi todos los estados mantienen reglas restrictivas que tipifican como delito ejercer la abogacía o prestar asistencia jurídica sin licencia. En medicina, en cambio, existe una red más amplia de profesionales, con enfermeras de práctica avanzada y asistentes médicos, y se debate si ese modelo sería viable para el derecho.
David Freeman Engstrom presentó una experiencia concreta en los casos de cobranza de deudas del Tribunal Superior del condado de Los Ángeles: cerca de la mitad de los juicios en rebeldía contiene errores y el personal no alcanza a revisarlos. Su equipo construyó un asistente de IA que marca probables errores para que los abogados los revisen, con mejores resultados de velocidad y precisión en pruebas con estudiantes de Derecho y un ensayo aleatorizado en curso. Lo presentó como una vía hacia una justicia más justa y precisa, no solo más eficiente.
LA CONFIANZA, EN JUEGO
El juez de la Corte Suprema de California Goodwin Liu y la exasesora de ciencia y tecnología de la Casa Blanca Arati Prabhakar describieron un deterioro de décadas en la confianza hacia ambas profesiones, agravado por presiones políticas y tecnológicas. Una encuesta de diciembre de 2024 arrojó que solo el 35% de los estadounidenses confía en el sistema de justicia.
David Studdert, profesor de Derecho y decano de investigación de Stanford, sostuvo que las profesiones deben adaptarse al mundo que las rodea, pero no en todo: «The interests of the patient and the client are first and foremost», dijo, y esa es la parte que no debería ceder con rapidez. Liu agregó que la IA podría acelerar un tribunal lento, aunque por ahora solo sirve para tareas menores y su precisión y juicio son insuficientes; también se mostró cauteloso ante la idea de delegar criterio propio en un producto de una empresa que busca clientes: «I can persuade my model to give me just about anything I want because it is designed to please me». Prabhakar apuntó que falta base científica para evaluar y validar los modelos. Alyce Adams, profesora de política de salud y epidemiología, contó que pacientes con neuropatía diabética le han dicho que preferirían contarle los síntomas a un agente de IA antes que a su médico, aunque el médico debe seguir siendo quien decide. Sobre si la IA puede reconstruir la confianza, Liu no dio una respuesta cerrada: según él, se sabrá con el tiempo, y remató con una frase breve: «The jury’s still out.»
En nuestra lectura, este debate podría interesar al mundo jurídico chileno por las preguntas que deja abiertas sobre la formación de los abogados y sobre el acceso a servicios legales, aunque se trata de instituciones y reglas estadounidenses que no se trasladan automáticamente al ordenamiento nacional.
Fuente: law.stanford.edu
Documento original: https://law.stanford.edu/press/stanford-university-leaders-trust-training-and-the-future-of-law-and-medicine-in-the-ai-era/
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.








