
Corte Suprema inviste a nueva generación de abogados en ceremonia marcada por septiembre
En una audiencia pública celebrada en pleno, la Corte Suprema confirió el título de abogada y abogado a un grupo de licenciadas y licenciados que rindieron el juramento de rigor. El acto, registrado en video y difundido públicamente, tuvo lugar en la misma semana en que el país conmemora el inicio de su vida independiente, circunstancia que marcó el tono de las intervenciones.
Como se recordó en la propia instancia, el artículo 521 del Código Orgánico de Tribunales establece que esta audiencia pública tiene por objeto conferir el título profesional una vez que los postulantes asumen el compromiso de ejercerlo con lealtad y probidad. El secretario del tribunal tomó el juramento, que fue recibido por las ministras y ministros del máximo tribunal.
Los convocados, organizados en dos grupos, respondieron afirmativamente a la fórmula de rigor y fueron declarados legalmente investidos con el título, conforme al artículo 522 del mismo cuerpo normativo. La Corte Suprema les felicitó y les deseó oportunidades de desarrollo en lo profesional y en lo personal. El acto contó con la presencia de familiares, amigos y autoridades judiciales.
LA TAREA QUE RECIBEN LOS NUEVOS ABOGADOS
La presidenta del máximo tribunal, Gloria Ana Chévez y Ruiz, se dirigió a quienes acababan de ser investidos. Les corresponderá, les dijo, continuar una labor semejante a la de sus antecesores, aunque en circunstancias muy distintas: procurar que el derecho no sea algo ajeno a la vida cotidiana, sino un instrumento al servicio de la dignidad humana, del arreglo pacífico de las controversias y de la convivencia regida por acuerdos compartidos.
Amar a un país, añadió, va más allá de conmoverse ante sus emblemas o de festejar sus aniversarios. Supone también hacerse cargo de las condiciones que hacen posible la vida en común, sostener la credibilidad de las instituciones y zanjar las diferencias apelando a la razón antes que a la fuerza, sin perder de vista que cada expediente involucra a una persona que espera del derecho alguna respuesta. Esa contribución permanente a la comunidad, afirmó, es una de las maneras más honrosas de servirla.
SEPTIEMBRE, LAS COSTUMBRES Y UNA ESCENA LITERARIA
Su intervención se detuvo también en el mes en que se celebraba la ceremonia. El país, planteó, conmemora por estos días el momento en que empezó a reconocerse como una comunidad política capaz de gobernarse a sí misma y de construir sus propias instituciones. Las fiestas patrias, sin embargo, no se agotan en las grandes efemérides: viven en un repertorio de gestos, imágenes y costumbres que reaparecen cada año, como las banderas en las casas, los volantines, los trompos, la cueca, las ramadas, las músicas y los sabores que acompañan estas jornadas, y que una comunidad termina sintiendo como propios.
Para ilustrar esa idea evocó a Mariano Latorre, premio nacional de literatura y una de las principales voces del criollismo chileno, fallecido en noviembre de 1956. En su funeral tomó la palabra Pablo Neruda, también premio nacional y Nobel, quien en lugar de una despedida convencional prefirió entregar simbólicamente al escritor aquello que este había amado y preservado en sus libros: aves junto al agua, flores de quebrada y árboles nativos como maitenes, boldos, arrayanes, copihues y laureles. El poeta recordó que Latorre había amado los campos y las aguas del país, y que los había conquistado a fuerza de paciencia, sabiduría y amor.
De esa escena, la presidenta extrajo una reflexión sobre el cruce entre lo heredado y la realidad sobre la cual eso debe operar, entre la tradición y la experiencia, entre los libros y la vida. Llevó luego la idea al terreno jurídico: el ordenamiento de una nación, dijo, se levanta sobre un diálogo permanente entre las normas, la doctrina y las instituciones recibidas, por una parte, y las prácticas, los litigios y las urgencias concretas de la comunidad, por otra.
EL DERECHO HEREDADO Y LA ORGANIZACIÓN DE LA REPÚBLICA
Su intervención recorrió también el pasado. La independencia, recordó, no se apoyó en un vacío normativo: el país recibió el legado del derecho castellano y del derecho indiano, cuerpos que siguieron aplicándose durante buena parte del siglo XIX, en paralelo a las normas que comenzaba a dictar la naciente República. Regirse por cuenta propia exigió, además, elaborar reglas propias, en un trayecto donde se combinaron la recepción, la adaptación y la creación.
Ese esfuerzo obligó a precisar quién quedaba habilitado para ejercer el poder, con qué atribuciones y bajo qué límites, cómo se organizarían los tribunales y de qué manera se zanjarían las controversias. En esa faena, afirmó, la abogacía tuvo desde muy temprano un papel relevante. Que la ceremonia coincidiera con la semana de las fiestas patrias le pareció, en ese sentido, una coincidencia significativa.
UNA ÚLTIMA IMAGEN
Cerró con una imagen final tomada de Neruda: la de un corazón convertido en embarcación de madera olorosa, armada en los astilleros de la desembocadura del Maule y lanzada al océano cargada con lo mejor de la tierra que la vio nacer. Tomando prestadas esas palabras, deseó a los jurantes que la promoción y el resguardo de los derechos de cada persona, junto con el fortalecimiento del Estado de derecho, inspiren siempre su trabajo. Felicitó a los nuevos abogados y abogadas y extendió el saludo a sus familias y a quienes hicieron posible ese logro. Cumplidos los objetivos de la audiencia, la sesión fue levantada.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.








