
Que la edad, por sí sola, no sirva para presumir que alguien perdió la capacidad de decidir sobre sus propios asuntos. Esa es la idea fuerza que la presidenta de la Corte Suprema puso al centro de una reflexión audiovisual, difundida en el contexto de una nueva conmemoración del Día Internacional de las Personas Mayores, jornada que se celebra cada 1 de octubre y que la Asamblea General de las Naciones Unidas instauró en 1990.
LA LEY 21.822 Y EL FIN DE UNA PRESUNCIÓN
El 1 de junio se publicó la Ley 21.822, un cuerpo normativo integral sobre las personas mayores y sobre el fomento de un envejecimiento digno, activo y saludable. La exposición destacó una de sus reglas como la mejor muestra del cambio cultural que se busca provocar: queda prohibido exigir a alguien, por el único motivo de su edad, que acredite su estado mental para celebrar un acto o contrato. Detrás de esa prohibición hay una convicción de fondo, la edad no puede transformarse en una presunción de incapacidad.
UN PAÍS QUE ENVEJECE Y UN DERECHO QUE DEBE REPENSARSE
El diagnóstico demográfico es conocido. Chile envejece a paso acelerado y, de mantenerse las tendencias, hacia 2045 las personas de 65 años o más podrían triplicar en número a quienes tienen menos de 15. En ese escenario, la organización internacional escogió para 2026 una consigna elocuente: La edad de la longevidad, repensar los sistemas para vidas más largas.
Para la máxima autoridad judicial del país, el reto que enfrenta el derecho es más sofisticado que diseñar mecanismos de resguardo para quienes los necesitan. Supone además evitar que la protección derive en sustitución de la voluntad ajena, que el cuidado se transforme en paternalismo y que la legítima preocupación por la vulnerabilidad termine privando de autonomía justamente a las personas que se pretende proteger.
LA RESPONSABILIDAD DEL MUNDO JURÍDICO
Se subrayó que esa regla contiene una afirmación potente sobre la dignidad humana. Y se advirtió que el mundo del derecho tiene aquí una responsabilidad particular, porque una de las formas más silenciosas de discriminación consiste en dejar de escuchar, en hablar por otro antes de preguntarle qué quiere y en suponer que cierta edad permite deducir capacidades, deseos o limitaciones.
El mensaje concluye apuntando al fondo del asunto. El desafío que la longevidad plantea al derecho es, en esencia, un desafío sobre la manera de entender la libertad. De lo que se trata es de garantizar que cada ser humano pueda seguir siendo dueño de su propio rumbo hasta el final del camino. El registro audiovisual completo puede revisarse en YouTube.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.













