
El programa Yo Elijo Mi PC quedó fuera de la propuesta presupuestaria del Gobierno del Presidente José Antonio Kast para 2027, una decisión que promete instalar uno de los debates educativos más intensos del año. La iniciativa no contempló recursos para su continuidad pese a que durante 2026 más de 96 mil estudiantes recibieron equipos, y el anuncio derivó de inmediato en una discusión sobre cómo se evalúa una política pública de acceso tecnológico y qué ocurre cuando ese piso material desaparece para los hogares que no pueden comprarlo por sus propios medios.
La ministra de Educación, María Paz Arzola, defendió la medida sosteniendo que los computadores habrían tenido un impacto nulo en el aprendizaje. El Presidente Kast, en tanto, justificó el cambio de prioridades señalando que el foco debe estar en la primera infancia y llamó a retrasar el uso de pantallas. Ambas intervenciones trasladaron la controversia hacia un terreno técnico: si el rendimiento escolar y la asistencia son los únicos indicadores válidos para medir el valor de entregar un computador.
LA RESPUESTA DE LOS ESPECIALISTAS
Para Patricio Cabello, investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, terminar con el programa implica retroceder en la dimensión más básica de la inclusión digital: el acceso material a la tecnología. A su juicio, la entrega de equipos no se traduce necesariamente en mejores calificaciones, pero eso no le resta mérito como política pública.
«Yo elijo mi PC» fuera del Presupuesto 2027«Programas como ese tienen un potencial muy fuerte de apostar a largo plazo, de generar una reducción de una brecha de acceso que es fundamental para poder pensar todo lo demás», planteó el académico, quien recordó que en las familias con niños en edad escolar el computador es muchas veces la vía para equipar el hogar completo. Esa función quedó a la vista durante la pandemia, cuando contar con un dispositivo en casa fue determinante para sostener las actividades educativas.
La profesora titular de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y directora del Centro EduInclusiva, Verónica López, cuestionó que la efectividad del programa se mida solo por notas y asistencia. Su comparación es directa: se trata de un recurso que facilita el aprendizaje, igual que un lápiz o un cuaderno.
«No le vamos a pedir al lápiz, al cuaderno y a la goma de borrar que te suban el promedio», argumentó. Para la especialista, la mayor valoración social del programa no es únicamente educativa, sino que apunta a acortar la brecha de acceso y de uso, y a la alfabetización digital del estudiante y de su grupo familiar. En muchos casos, agregó, el equipo entregado a un alumno de séptimo básico es el primero y único de la familia con conexión a internet, y su uso puede extenderse por varios años de la trayectoria escolar.
TRES NIVELES DE BRECHA DIGITAL
Cabello explicó que las desigualdades digitales operan en capas que se condicionan entre sí: el acceso material a dispositivos y conexión, las habilidades y prácticas digitales, y los resultados concretos que las personas logran con la tecnología. «Si fallamos en el primer nivel, que es el más básico, vamos a tener muchas dificultades para construir los otros», advirtió.
Desde esa perspectiva, la eliminación del programa golpearía con particular fuerza a quienes no pueden adquirir un equipo. Aunque esos hogares sigan conectados mediante teléfonos móviles, el investigador sostuvo que esa vía es mucho menos efectiva para desarrollar habilidades como el pensamiento computacional. También alertó que las competencias digitales están desigualmente distribuidas, lo que se expresa en cómo se usa una inteligencia artificial o en la capacidad de distinguir información verificable de contenidos falsos.
López añadió un factor territorial: el programa se amplió después de la pandemia, cuando se hizo evidente la falta de hardware, software y conectividad en todo el país, con mayor fuerza en regiones y sectores rurales y en los quintiles más pobres. A su juicio, sigue pendiente una política interministerial de conectividad digital, porque de nada sirve un computador sin banda ancha adecuada.
PROPUESTAS Y REPAROS EN EL CONGRESO
Ambas académicas y académicos coinciden en que el debate no debe plantearse como una disyuntiva entre entregar computadores o mejorar los aprendizajes, sino en avanzar desde el acceso hacia un uso pedagógico más efectivo. López propone fortalecer el programa con directrices para los establecimientos, articulación sistemática durante séptimo y octavo básico, y un plan de alfabetización digital familiar. Cabello apunta a la formación inicial docente en ciudadanía digital y pensamiento computacional.
Las advertencias técnicas conviven con un frente político transversal. El diputado Daniel Lilayu (UDI) afirmó que el programa debe mantenerse por su importancia para estudiantes sin recursos para comprar un computador y emplazó al Gobierno a reponer el financiamiento. La senadora independiente Alejandra Sepúlveda calificó la decisión como «impresentable» y comprometió gestiones para recuperar el presupuesto. La diputada Carolina Tello (Frente Amplio) apuntó que «recortar la conectividad de niños y niñas no es austeridad, es derechamente desigualdad».
La continuidad de Yo Elijo Mi PC deberá resolverse durante la tramitación del Presupuesto 2027 en el Congreso, donde la discusión sigue abierta.
Fuente: radio.uchile.cl
Documento original: https://radio.uchile.cl/2026/10/11/el-fin-de-yo-elijo-mi-pc-podria-profundizar-la-brecha-digital-en-chile/
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.











