
LexisNexis trasladó la conversación con sus clientes al lugar donde se construye el producto. En agosto la compañía puso en marcha su Customer Innovation Lab, con sede principal en Nueva York, un espacio donde abogados, profesionales de operaciones legales y tecnólogos jurídicos trabajan en tiempo real junto a ingenieros legales, diseñadores UX, desarrolladores y gerentes de producto de la firma para crear nuevas capacidades y afinar las ya existentes.
Al frente de la iniciativa está el director de tecnología de LexisNexis, Greg Dickason, quien en una entrevista con Above the Law describió el experimento como una forma de acortar la distancia entre quien enfrenta un problema y quien diseña la solución.
UN LABORATORIO QUE ITERA EN HORAS
De acuerdo con la fuente, el laboratorio ya ha producido decenas de prototipos y diseños funcionales, entre ellos modelos de IA construidos para fines específicos, un Protégé Vault para analizar materiales multimedia complejos y Protégé Workrooms seguros para la colaboración. Los prototipos se crean y prueban en cuestión de horas y se refinan a esa misma velocidad; para avanzar deben cumplir los estándares de calidad, exactitud y seguridad de la compañía.
«Customers are not scary», dijo Dickason. «It’s just another person giving you an opinion».
El laboratorio se apoya en el servicio altamente personalizado que la empresa denomina white glove service, en el que despliega ingenieros legales —personas con formación en la industria jurídica que hacen de puente entre el mundo del derecho y el tecnológico— para guiar la construcción de flujos de trabajo con IA. El nuevo espacio lleva esa lógica más lejos: ajusta e incluso desarrolla tecnología en conjunto con clientes de estudios jurídicos, departamentos legales, facultades de derecho, el gobierno y el poder judicial.
El ciclo entre la retroalimentación y la actualización del producto, que antes tomaba meses, ahora toma momentos. «Customers tell us, ‘Protégé would be better if it did this,’» relata el CTO. «And we literally change it in five minutes.»
DEL PILOTO A LA MEDICIÓN DEL RETORNO
Cada proyecto suele convocar a la cohorte completa de interesados. Por el lado de LexisNexis participan ingenieros legales, diseñadores UX, desarrolladores y gerentes de producto; por el lado del cliente, abogados y otros usuarios finales, profesionales de operaciones legales y tecnólogos jurídicos.
Ese detalle permite documentar tareas concretas y, con ello, respaldar el retorno de la inversión en tecnología, según la fuente. Un par de ajustes pequeños puede «take something from 20% valuable to 80% valuable», sostuvo Dickason.
El ejemplo que cita son los próximos Protégé Workrooms para colaboración entre equipos legales, a los que el laboratorio incorporó un temporizador que registra el tiempo dedicado a tareas como investigación, redacción de documentos y correspondencia con clientes. Luego, una herramienta de IA puede resumir lo ocurrido en la sala de trabajo durante un periodo determinado.
Otro prototipo bien recibido son los Multimedia Vaults, capaces de escanear el video de una deposición y marcar las marcas de tiempo en que un testigo hizo gestos o expresiones específicas, por ejemplo sorpresa en el rostro. «That’s super exciting and it’s come about from some of the innovation we’ve done in the lab», comentó.
DE NASHVILLE A BOSTON
Además de la sede neoyorquina, la compañía llevó el modelo de gira. En ILTACON, en Nashville, estrenó en agosto una versión itinerante del laboratorio: todos los cupos para visitarlo se agotaron en los tres días siguientes a la promoción previa al congreso, y la demanda en el recinto superó la disponibilidad para reunirse con representantes de LexisNexis. Las conversaciones iniciadas allí continuaron después, con sesiones de seguimiento agendadas por los equipos.
Ante ese interés, el laboratorio se presentó este mes en la reunión anual de la Association of Corporate Counsel, en Boston, y LexisNexis inició una gira con nuevas versiones pop-up por numerosas ciudades de Estados Unidos.
Para Dickason, la experiencia también ha sido un aprendizaje. «I had made certain assumptions — I think we all do — about what our customers want, but the reality is there’s nothing better than just listening to them», afirmó. «And also, it’s fun. I think this is the most fun you possibly can have at the moment.»
En nuestra lectura, el valor de la experiencia está en el método más que en las herramientas: abrir el diseño del producto a quien lo va a usar podría leerse como un giro en la manera de justificar la adopción tecnológica dentro de las organizaciones jurídicas. Para los abogados chilenos que evalúan herramientas de inteligencia artificial, el caso podría servir como referencia sobre qué preguntar a un proveedor antes de contratar, sin que ello permita anticipar efectos concretos en el mercado local.
Fuente: abovethelaw.com
Documento original: https://abovethelaw.com/2026/10/how-lexisnexis-and-its-customers-are-building-the-next-generation-of-legal-ai-together/
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.








