En una audiencia pública celebrada el 31 de julio, la Corte Suprema otorgó el título de abogado a un grupo de postulantes que prestaron juramento ante el pleno del tribunal. La ceremonia coincidió con los 150 años del juramento de Arturo Prat Chacón, quien en 1876 se convirtió en el primer oficial de la Armada de Chile en recibir el título de abogado.
El acto contó con la presencia del ministro de Justicia y Derechos Humanos, Fernando Rabat Celis; del comandante en jefe de la Armada, almirante Fernando Cabrera Salazar; del decano de la Universidad de Chile, Pablo Ruistial, y del presidente del Colegio de Abogados, Ramiro Mendoza Zúñiga. También asistieron autoridades del alto mando naval, invitados especiales y familiares de los postulantes.
Conforme al artículo 521 del Código Orgánico de Tribunales, el pleno del tribunal se reunió en audiencia pública para otorgar la investidura tras el juramento o promesa de rigor. Los asistentes se pusieron de pie mientras el secretario tomaba la fórmula a dos grupos de licenciadas y licenciados, quienes asumieron el compromiso de ejercer la profesión con lealtad y honradez. Declarados formalmente investidos, los nuevos abogados recibieron el reconocimiento y las felicitaciones de la Corte.
En el salón de honor se exhibió el trabajo con el que Prat obtuvo su licenciatura, titulado Observaciones a la ley electoral vigente, además del libro de matrícula de abogados y su expediente de titulación. Los documentos históricos permanecieron en el centro del recinto durante toda la ceremonia.
EL RETRATO ÍNTIMO DE UN PRÓCER
La presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chévez y Ruiz, dedicó su discurso a la figura de Prat. Recordó que en 1876 un oficial de 28 años, aún lejos de ser el héroe inmortal, llegó a este tribunal para jurar como abogado. Compatibilizaba el servicio naval con los estudios en la Universidad de Chile y comenzaba a formar una familia.
Ante el riesgo de no regresar a tiempo al servicio, Prat pidió audiencia al presidente del tribunal, don Manuel Mon, y obtuvo autorización unánime para rendir su examen. Se presentó con uniforme de oficial de Marina y tuvo que dejar su espada a la entrada del recinto. Superó la prueba con distinción y mereció el reconocimiento de los ministros.
Chévez y Ruiz propuso recordarlo desde su dimensión humana. Afirmó que las cartas dirigidas a su esposa Carmela Carvajal muestran a un hombre profundamente enamorado, que la llamaba mi adorado bien o mi dulce Carmela. En ellas también se advierte una delicadeza singular: pese a las distancias del servicio, Prat preguntaba por los niños, por la abuela, por las tías y por los allegados del hogar.
La presidenta mencionó, además, que en los meses previos a la Guerra del Pacífico Prat expresó su preocupación por la lenta recuperación de su hija Blanca y su dolor por no estar junto a su esposa en ese momento. También aludió al fallecimiento de la primogénita, Carmela de la Concepción, a los nueve meses de edad; Prat se enteró de esa pérdida por las condolencias de un camarada. Lejos de los reproches, sus escritos trasuntan el pesar de quien entendía que la ilusión había aplazado el duelo.
INTEGRIDAD COMO COHERENCIA
Para la presidenta de la Corte Suprema, la integridad no es solo la ausencia de actos deshonestos, sino la unidad de la persona. Significa mostrarse idéntico en la vida militar y en la doméstica, ante un juez y en un mensaje personal. Ese fue Arturo Prat. Ante la emergencia no le hizo falta mudar de carácter; simplemente continuó siendo quien era, y por eso su heroísmo aparece como la consecuencia natural de una vida coherente.
El mensaje final se dirigió a los nuevos abogados. La presidenta recordó que la lealtad y la honradez que el artículo 522 del Código Orgánico de Tribunales exige como deberes esenciales de la abogacía no se agotan en la competencia técnica. Junto con la destreza, la constancia, la honestidad y el esmero, esas exigencias demandan una virtud mayor: la coherencia de vida.
La República, sostuvo, necesita abogadas y abogados capaces de responder a ese desafío. La titular del tribunal les deseó un camino profesional lleno de oportunidades y los instó a asumir la tarea de representar los derechos de las personas ante los tribunales de justicia. El valor profesional no se mide por la sola habilidad técnica, sino por la armonía entre el decir y el actuar; solo así se honra cada día el juramento pronunciado.
Tras la ovación de los asistentes, se declaró cumplido el objetivo de la ceremonia. Al final, se convocó a las autoridades a acercarse a los documentos históricos y a ver los objetos conmemorativos dedicados a Prat, junto con una pantalla digital con información sobre su vida.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
