Chile enfrenta una de esas coyunturas poco frecuentes: sus ventajas comparativas en minerales críticos y producción alimentaria saludable lo colocan en una posición expectante a nivel global. Sin embargo, el crecimiento tendencial se estanca en un magro 1,9% del PIB. La pregunta clave no es si existe la oportunidad, sino si el país cuenta con la capacidad institucional para aprovecharla y superar el estancamiento. La regionalización avanza, pero el cambio más relevante vendrá con la inversión: se espera que cerca del 80% del monto previsto para los próximos años provenga de regiones. Este dato instala con urgencia la necesidad de un sistema de ordenamiento territorial eficaz.
SISTEMA ACTUAL FRAGMENTADO
En teoría, el ordenamiento se resuelve con instrumentos de planificación territorial dirigidos por políticas nacionales de desarrollo urbano y ordenamiento territorial, reglados a nivel rural, urbano, intercomunal o comunal. Pero en la práctica, coexisten tres categorías de instrumentos que inciden directamente en la planificación sin definir un ordenamiento: instrumentos procedimentales como la Evaluación Ambiental Estratégica; restricciones como humedales urbanos, régimen de pueblos indígenas, Ley Lafkenche, Monumentos Nacionales, entre otras; y familias orientadoras de política pública como la Transición Socioecológica Justa o los Planes Hídricos de Cuenca. El resultado es un sistema con múltiples centros de decisión, del orden de 25, distribuidos entre niveles nacional, regional, comunal y sectorial, cada uno con lógicas propias. La comunicación y coordinación son ineficientes, hay falta de capacidades y un marco de alta probabilidad de ralentización y judicialización. No es un problema ideológico, sino de una enmarañada arquitectura que requiere decisión y gestión.
CUATRO MEDIDAS INELUDIBLES
La salida no pasa por desmontar el sistema, sino por ordenarlo mediante cuatro acciones. Primero, transparencia territorial efectiva: información georreferenciada, integrada y accesible desde el inicio, que permita conocer el marco aplicable a cada proyecto en relación con las 25 dimensiones. Segundo, coordinación interinstitucional real: menos superposición de decisiones y más mecanismos que alineen competencias entre servicios. Tercero, certeza interpretativa: conceptos clave como área de influencia, impacto significativo o residuo no pueden depender de definiciones divergentes según la ventanilla. Finalmente, resguardo estratégico nacional: urge definir aquellas actividades estratégicas y trazados de infraestructura crítica sobre los que primen intereses nacionales.
REGIONALIZACIÓN COMO PALANCA O BLOQUEO
En este contexto, la regionalización puede ser una palanca de desarrollo o un factor adicional de bloqueo, dependiendo de cómo se implemente. Todo dependerá de la capacidad de armonizar el sistema antes de que la complejidad lo ahogue. La oportunidad está abierta; lo que falta no son soluciones aisladas, sino entender el contexto para orquestar la mejor implementación.
La columna fue escrita por un consejero de la Sofofa y publicada en La Tercera.
Fuente: La Tercera
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
