Corte Suprema inviste a nuevos abogados y abogadas en ceremonia con llamado a ejercer como constructores de puentes
En una audiencia pública transmitida por el canal Poder Judicial Chile en YouTube, la Corte Suprema entregó el título de abogado a un grupo de licenciados y licenciadas provenientes de distintas jurisdicciones del país. La ceremonia, efectuada el 28 de agosto, tuvo como eje central el discurso de la presidenta del máximo tribunal, Gloriana Chvezich Ruiz, quien comparó la labor de los nuevos profesionales con la construcción del ferrocarril Santiago-Valparaíso y los convocó a ser agentes de encuentro y solución de conflictos.
UNA AUDIENCIA SOLEMNE
De acuerdo con el artículo 521 del Código Orgánico de Tribunales, el pleno de la Corte Suprema se constituyó en audiencia pública para recibir el juramento o promesa de los postulantes. El secretario del tribunal tomó la declaración, mientras los ministros y ministras de la corte observaban el acto, acompañados de presidentes de cortes de apelaciones, ministros de fe y familiares de los nuevos profesionales.
Los postulantes provenían de las cortes de apelaciones de Arica, Iquique, Antofagasta, Copiapó, La Serena, Valparaíso, Rancagua, Talca, Chillán, Concepción, Temuco, Valdivia, Puerto Montt, Coyhaique y Punta Arenas, además de un grupo que juró en el Salón de Honor de la Corte Suprema. A medida que eran convocados, los licenciados y licenciadas respondieron afirmativamente al compromiso de desempeñar la profesión con lealtad y honradez.
Concluida la toma de juramento, la presidenta, en virtud del artículo 522 del Código Orgánico de Tribunales, declaró legalmente investidos con el título de abogada o abogado a los asistentes. El tribunal felicitó a los nuevos profesionales y extendió sus saludos a sus familiares y amigos.
EL DERECHO COMO PUENTE
En su alocución, la presidenta del máximo tribunal centró su mensaje en la historia del ferrocarril entre Santiago y Valparaíso, cuya ley de construcción fue aprobada por el Congreso Nacional un 28 de agosto de 1851, exactamente 175 años antes de la ceremonia. Recordó que la compañía del ferrocarril, constituida un año después, fue considerada la primera sociedad anónima chilena en la que se combinaron aportes de particulares y del Estado.
Las obras comenzaron en 1852 y demandaron más de una década de trabajo, debiendo sortear quebradas, pendientes, túneles y puentes. Finalmente, el 14 de septiembre de 1863, la línea entre Santiago y Valparaíso fue inaugurada. La presidenta destacó que aquella obra no fue solo un hito de la ingeniería, sino también del derecho.
En su reflexión, explicó que el proyecto exigía resolver quién estaría a cargo de las obras, de qué forma se financiarían, cómo se adquirirían los terrenos, cuáles serían las facultades y obligaciones de los participantes y de qué manera se regularía una actividad económica nueva para el país. En ese contexto, mencionó la dictación de una legislación especial sobre expropiaciones ferroviarias en 1857 y la promulgación de una nueva ley de ferrocarriles en 1862.
A partir de esa experiencia, la titular de la Corte Suprema sostuvo que el progreso material de una sociedad requiere de una arquitectura jurídica que lo haga posible. Cada carretera, puerto o aeropuerto implica contratos, concesiones, autorizaciones, expropiaciones, normas de seguridad y exigencias ambientales. El derecho debe facilitar aquello que beneficia a la comunidad y, al mismo tiempo, establecer límites y proteger a quienes pueden verse afectados.
En esa línea, afirmó que el derecho no elimina las tensiones entre intereses legítimos, sino que les reconoce su existencia, las ordena y les entrega un cauce institucional. Subrayó que las sociedades necesitan puentes que permitan convivir a personas con convicciones diferentes, y que esos puentes se encarnan en leyes, contratos, procedimientos y tribunales.
La presidenta describió al abogado como alguien que se sitúa entre dos personas al negociar un contrato, entre una persona y el Estado al defender un derecho, entre la parte que exige y la que está obligada a responder en un proceso, y entre posiciones enfrentadas cuando intenta alcanzar un acuerdo. Precisó que el profesional puede contribuir a solucionar un conflicto o prolongarlo, aproximar posturas o volverlas todavía más enfrentadas.
Finalmente, vinculó el ejercicio cotidiano de la profesión con la generación de confianza, uno de los vínculos más importantes entre la función social y la comunidad. Recordó que el juramento prestado se resume en los valores de lealtad y honradez, y los invitó a mantenerlos como guía en su desempeño. Tras los aplausos de los asistentes, se levantó la sesión.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
