
Corte Suprema tomó juramento a una nueva generación de abogados en audiencia pública encabezada por su presidenta
El pleno de la Corte Suprema celebró el 16 de octubre una audiencia pública destinada a tomar juramento o promesa a las y los postulantes al título de abogado y a declararlos legalmente investidos de esa calidad. La ceremonia, difundida por el canal de YouTube Poder Judicial Chile, fue presidida por Gloriana Chvezich Ruiz, presidenta del máximo tribunal, y contó con la participación de los ministros y ministras del pleno, del secretario del tribunal y de quienes rindieron el juramento.
El marco del acto fue el Código Orgánico de Tribunales. La apertura de la audiencia se ajustó al artículo 521, que fija el objeto de esta comparecencia: conferir el título de abogado una vez que las y los candidatos juran o prometen ejercer la profesión con lealtad e integridad.
La fórmula empleada fue breve: se consultó a los postulantes si juraban o prometían desempeñar la profesión de abogado de manera leal y honesta, y la respuesta fue afirmativa. Acto seguido, y sobre la base del artículo 522 del mismo cuerpo legal, la Corte los declaró legalmente investidos del título y les deseó oportunidades de desarrollo profesional y personal.
Vino después el discurso de la presidenta del tribunal. Escogió como punto de partida una coincidencia que consideró pertinente: el 16 de octubre se celebra en el país el Día del Profesor, fecha que le pareció adecuada para dirigirse a quienes acababan de jurar.
Recordó que nadie llega a ese momento sin haber recibido explicaciones de académicos sobre qué es una norma jurídica, cómo se distingue una regla de un principio, o por qué se corrigió una respuesta o se recomendó un libro. En ese contexto evocó la carta que Alberto Camus envió en 1957 a Luis Germain, su maestro de escuela primaria, tras recibir el Premio Nobel de Literatura. En ella el autor contaba que, al conocer la noticia, pensó primero en su madre y luego en su profesor, y le aseguraba que su esfuerzo y su corazón generoso seguían vivos en uno de sus pequeños escolares, que nunca había dejado de ser su alumno agradecido.
A partir de ese episodio, sostuvo que la enseñanza comparte con el derecho un rasgo: quien enseña rara vez conoce el destino de lo que entrega. Añadió que los abogados también enseñan, muchas veces sin advertirlo, cuando explican a una persona cuáles son sus derechos y los límites de sus pretensiones, cuando traducen el lenguaje técnico de la ley o cuando ayudan a comprender una sentencia o una obligación. Sobre todo, afirmó, enseñan con su conducta, ante estudiantes, colegas, clientes, contrapartes y quienes administran justicia.
El discurso citó también el decálogo de Eduardo Cutur, que comienza con la exhortación a estudiar, porque el derecho cambia y quien no sigue su marcha queda cada día menos abogado, y prosigue con la invitación a pensar, ya que la disciplina se aprende estudiando pero se ejerce pensando. El quinto mandato, ser leal, fue el que cobró mayor resonancia: lealtad al cliente, a la contraparte y también al juez.
Sobre ese punto precisó que la lealtad exigida por el artículo 522 no equivale a obediencia ciega a los intereses de quien tiene la calidad de cliente. Supone defender con dedicación, mantener la confidencialidad, informar con claridad y actuar con firmeza, pero también preservar la independencia necesaria para advertir que algo no puede hacerse o que una pretensión no tiene respaldo legal. Recordó que el código de ética del Colegio de Abogados subraya que el vínculo con el cliente está siempre sujeto a la ley y a las reglas éticas que rigen la profesión.
La honradez, agregó, no se agota en abstenerse de actos ilícitos. El ejercicio profesional opera sobre relaciones de confianza: del cliente, del tribunal, de la contraparte y de la sociedad. Por eso cada conducta contribuye a fortalecer o debilitar la confianza en la profesión, en la justicia y en el Estado de derecho.
Cerró con una reflexión sobre el aprendizaje por observación. Los nuevos abogados verán profesionales rigurosos y generosos con su conocimiento, pero también conductas que no deberían replicarse, y tendrán que decidir qué clase de abogados quieren ser. La comunidad, dijo, les confía la representación y defensa de los derechos de las personas ante los tribunales, y extendió la felicitación a sus familias, amistades y profesores. Cumplidos los objetivos de la audiencia, se levantó la sesión.
En nuestra lectura, el interés de esta clase de ceremonias está en subrayar que la lealtad y la honradez son deberes exigibles y no simples declamaciones. A juicio de este medio, sería prudente que ese estándar se refleje también en la formación permanente de quienes se inician, más allá del acto de juramento.
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.








