
A mediados de septiembre, en Madrid, en un panel del ChileDay, la senadora PS Paulina Vodanovic le concedió un punto al gobierno frente a la senadora RN Paulina Núñez: La Moneda es hábil a la hora de poner nombre a sus proyectos. Recordó que la megarreforma, cuyo corazón era la baja del impuesto a las empresas y la invariabilidad tributaria, se bautizó como Ley para la Reconstrucción Nacional. Nadie podría estar en contra de la reconstrucción, dijo, aunque el resto de los contenidos fuera bastante controversial.
El fenómeno volvió a la mesa con la reforma al mercado de capitales, conocida en el mundo financiero como MK4. Sus más de 200 páginas ingresaron al Congreso con otro título: Proyecto de Ley de Reforma al Mercado de Capitales y Financiamiento de la Casa Propia. Núñez reveló que en las conversaciones con el ministro de Hacienda se evaluó si el nombre sería Mercado de Capitales o Chile Propietario.
LA BATALLA POR EL MARCO
Para Carlos Correa, ex subdirector de la Secretaría de Comunicación, Secom, en el gobierno de Michelle Bachelet, la decisión no es anecdótica. Las discusiones legislativas, sostiene, son también discusiones identitarias, una disputa por la hegemonía.
Christián Rendic, ex director de Secom en el segundo gobierno de Sebastián Piñera, matiza: los nombres son relevantes, pero no determinantes. Un título de fácil recordación y que se explique solo, como PGU o Ley Antiportonazo, ordena las comunicaciones y obliga al adversario a jugar en cancha ajena. No asegura, en cambio, el éxito de una política pública resistida.
Pablo Halpern, jefe de Secom con Eduardo Frei, recurre a la noción de frame. El marco define, sin decirlo explícitamente, cuál es el problema, quién es el responsable, qué valor está en juego y qué solución parece razonable. El nombre de una reforma, plantea, es la primera oportunidad, y a veces la única, de fijar ese marco antes del debate de fondo. Tatiana Klima, ex jefa de comunicaciones de Gabriel Boric, agrega que quien pone el nombre define cómo se entiende el problema y ordena la discusión que viene.
REFORMAS TRIBUTARIAS, TRES TITULARES DISTINTOS
Las administraciones de Boric, Bachelet y Piñera emprendieron reformas tributarias con títulos de cargas muy distintas. La que Boric presentó en julio de 2022, firmada por el ministro Mario Marcel, prometía una Reforma Tributaria Hacia un Pacto Fiscal por el Desarrollo y la Justicia Social. La idea de legislar se rechazó en marzo de 2023 y en enero de 2024 llegó un nuevo proyecto, ya sin la promesa de justicia social en el título. Klima recuerda que esa iniciativa tenía un nombre cuidadosísimo y fue rechazada en general en la Cámara, porque donde el nombre pesa es en la conversación pública y en el costo de oponerse, no en la aritmética del Congreso.
Piñera, en 2018, presentó un proyecto que Moderniza la Legislación Tributaria. Hacienda intentó despolarizar el debate hablando de modernización y no de reforma tributaria, pero perdió la batalla. Antes, en 2014, Bachelet firmó la ley que Modifica el Sistema de Tributación de la Renta e Introduce Diversos Ajustes en el Sistema Tributario, un título neutro que su gobierno compensó con una campaña comunicacional. Un video oficial defendiendo la propuesta casi le costó el puesto a Correa en la Secom; la Contraloría concluyó que la campaña se atenía a las normas, aunque cuestionó su lenguaje.
La actual cartera de Hacienda insistió en el nombre oficial de su primera gran reforma estructural, Ley de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social, pero el proyecto quedó en la memoria como megarreforma o ley miscelánea. Halpern observa que el título de un mensaje presidencial es larguísimo y nadie lo usa; lo que circula son las siglas o los apodos, y gana el que más se repite.
SIGLAS, VÍCTIMAS Y APODOS
Un ex funcionario de los gobiernos de Piñera recuerda que los nombres los coloca por lo general la Segpres, aunque en las iniciativas emblemáticas participan la Secom, los ministerios sectoriales o el propio Presidente. Piñera era hábil con las siglas: el GANE en educación, el STOP, el IFE pandémico. En 2011 impulsó el Acuerdo de Vida en Pareja, AVP, mientras una moción del senador Andrés Allamand hablaba de Acuerdo de Vida en Común, AVC, sigla que RN pujó por instalar. El proyecto lo promulgó Bachelet en abril de 2015 como Acuerdo de Unión Civil.
La Pensión Garantizada Universal nació con ese nombre en el mensaje ingresado en septiembre de 2021, pero fueron las indicaciones de diciembre las que cambiaron las siglas: la PGU reemplazó la Pensión Básica Solidaria y el Aporte Previsional Solidario, creados en el primer gobierno de Bachelet. Correa lo llama un golazo de último minuto. En su libro La Montaña Rusa, Marcel escribe que Piñera logró imponer su marca sobre el mayor legado previsional de Bachelet.
Klima apunta que el nombre oficial casi nunca sobrevive. Lo que queda es otra cosa: una sigla convertida en palabra, como el AUGE; un apodo, como las 40 horas; o el nombre de una víctima, como las leyes Zamudio, Ricarte Soto, Emilia o Karin. La Ley para Fortalecer y Proteger el Ejercicio de la Función Policial y de Gendarmería de Chile es recordada, en cambio, como Ley Naim-Retamal, en homenaje a los carabineros Eugenio Naim y Carlos Retamal. En el gobierno actual también se apela al marketing: la Operación Cancerbero y el plan Chile Despega con más Pega.
EL NOMBRE IDEAL
Juan Carvajal, que trabajó en gobiernos de centroizquierda, dice que el nombre de las leyes es una disputa entre la parte técnica y la política. La Segpres propone títulos legalistas y extensos que los equipos comunicacionales deben traducir a un nombre que venda. Pablo Paredes, jefe de Secom de Boric, advierte que un buen nombre debe responder a lo que el proyecto propone y a las capacidades de ejecución, porque si lo comunicacional va más allá del contenido se gana bulla hoy y se compra un problema de credibilidad.
Hay consensos: que sea corto, que quepa en un titular, que apunte al beneficio antes que al instrumento. La gente entiende casa propia antes que mercado de capitales, ejemplifica Klima. Debe ser creíble y anticipar al adversario, porque un nombre burlable será usado por la oposición, como ocurrió con la llamada Ley de Amarre en el reajuste del sector público de fines de 2025.
Rendic añade que bautizar un proyecto asociándolo a causas transversalmente respaldadas eleva el costo de oponerse, y lo contrario ocurre si se lo asocia a un villano. Klima cierra: los gobiernos bautizan los proyectos, pero el nombre que perdura lo termina eligiendo la gente.
Fuente: Pulso, La Tercera
Documento original: https://www.latercera.com/pulso/noticia/pongale-nombre-a-su-ley-como-los-gobiernos-bautizan-sus-proyectos-emblematicos/
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.











